Al hombre ingrato que con un puñal satiro del engaño enveneno dejando en pedacitos el corazón tierno del inmenso mar por siempre la gloria.
A LA ESPERANZA
En mi espejo tu figura en algún recuerdo reprochabas aquellos ecos donde yo te miraba. Tú me preguntaste con tanta inquietud. En silencio solo guardaba el odio oculto para encontrar el momento de tirar a mar abierto aquellas cicatrices sordas que aturdían cada poro de mi visibilidad.
Amor, ¿qué veo? Amaneceres y un suspiro. El destello del engaño rompió el silencio de tus entrañas ponzoñosas. Tímida e inmadura aún suspiraba ante tu fotografía, aún amaba tu fantasma, y aún deseaba tus mentiras.
Del impulso fui convicta este día. Dancé con ese dolor que yo misma forcejeé; con esa llaga abierta que me dejaste con la espada filosa del engaño, la cual yo esperaba por tres semanas, y así, tu llegar campante y aliviar con la mascara de un tierno beso y el verbo fino de tu mentira.
Danzante soy y guerrera fui en esa duela, tras esos barrotes horizontales y esos espejos del reflejo excéntrico de la realidad. Aun más te deseaba aquí conmigo, tras ese aire matutino que reencarna el sueño. En mis esfuerzos por desgarrarte, a la vez que abrazarte, solo podía recordar aquella. Esperanza tan mía y tan ayuda que, en el aliento sobrio de la complicidad, fue la excusa perfecta para desmoronarme y atarme más a tu tortura.
Hubiera deseado tomar el bisturí de la justicia ya arrancar a toda costa tus labios raídos, que por mucho descaro emitían atroces promesas y diabólicos sonetos de amor.
¡Cuántas rostros tal cual para el recuerdo! Tímido, callado y en silencio. En vigilia y excéntrico observador. Obsesivo celo y enjambre de apetito sexual. Verdugo de mí castigo, hasta ahora ya mi salvación.
Fui devota de tu santa religión. Atea a la cruz de ti, mi San Carlos ;y muerta al pie de tu Dios. Cómo me haces pensar. Este día he recordado el sabor de hiel del último beso, de la despedida silenciosa.
Una lágrima, una sola lágrima bailo.
AL RECUERDO
Martes cualquiera de un viernes santo. El colibrí aun ronda torpemente en mi ventana y el café humeante de mi taza sigue caliente; a ritmo, nada se ha perdido. En mi recamara dos cigarros, las sobras del vodka arrumbado, la carta extraviada que ayer encontré, un vestido gris de terciopelo y la corbata modesta con la que guapo te mirabas.
Extraña y melancólica pasé por algunos rincones ya ajenos a ti. Tropezaba con la humedadad que vibraba en las paredes. Ese humo de éxtasis que se escondió algunas ocasiones en mi sofá. La brisa traicionera acariciaba el velo ruin que colgaba en mi cabeza. Me torturaba, sola y ociosa.
Porque solo lloro el último trago amargo del borracho cuando estoy distraída y absorta de la realidad. El juego vil que, como inocencia yo creía, turnamos siempre la cara obscura de la moneda. Un rompecabezas de amor. Un te amo, el sueño, tú y yo conjugaban un soneto triste y desafinado. Ya no era aquella orquesta magistral que rompía todo vidrio y alma cuanta se cruzara. Lo imposible, desosiego, vergüenza, miedo, fueron los acordes distorsionados que fragmentaron poco a poco la rondalla.
Y nadie fue capaz de jugar al cirujano, nadie quiso esmerar y hacer el aire glorioso que entre guardara la esperanza. Sentados, bajo la pantalla del misterio, comprendíamos lo vago y real. Aquello no era ficción, no era ni aire ni ilusión; sólo el juego del amor. Tan opacos y tan herido a al viva imagen del deseo. Juegos y caricias que llevaban a un paso más la amistad. Pasos que llevaron a dosis de excitación la actuación ajena de nosotros dos.
Porque el mar sigue danzando, y porque el desierto aún no se baña de odiseas sacras. No hay motivo para esta tortura sin verdugo. Yo de espectadora a la cruel función de tus insultos. No tengo la obligación de oír tus reproches ajenos. Pero nadie me desconsuela de que siga amándote muy hondo, aquí dentro de mi corazón. Amor lo confundo con cariño, un cariño de la mano con el deseo carnal de tu cuerpo. No tengo por qué llorarte. La traición y la esquizofrenia la creaste tú.
Si de mi cara aún brotan inmensas cascadas tiernas, no es porque yo te extrañe; simplemente limpio la belleza de mi rostro para un nuevo querubín.
AL TIPICO ADIÓS
Ahora, más convencida que ayer y más dispuesta que mañana, me brindas la codicia del tesoro anhelado: tu destierro. Espina dócil del flagelo mutuo. Voz que aun convences a la par de un incierto destino. Planeaste este ataque verbal de reproches y lamentaciones, pero ahora ya la estaca ha atravesado las palmas de la mano, el pie firme del paso mutuo. Dignidad sorpresiva que rompes con ese secreto. El secreto que intenta reclutarse muy en tus adentros. Mientras, capaces de conjugarse al dolor. No fuiste nada para destazar en pedazos tan pequeños mi corazón pobre pues solo fui yo la mártir que invadía de veneno el vino fresco de la idiotez.
Y yo ahora, en esta despedida sólo me queda darte las gracias benditas, porque en aquel recuerdo, la bastarda ilusión quedó sorpresiva entre tantos cariños, que por no menospreciar jugaron un papel simbólico en mi vida.
No necesito reproches, ni tampoco la explicación ficticia. Solo quiero partir de una vez por todas, porque el camino se hace lamoso y no quiero tropezar sobre las rocas otra vez. Quiero partir digna y no regresar mi cara pálida a tu hipócrita expresión de siempre amigos.
He quemado tus cosas, por lo tanto no necesito tu última visita, la ultima limosna. Quédate con todo aquello que te nutra, y la basura deséchala, como antes lo hiciste conmigo. Piensa en que la niña no quedo encaprichada, simplemente aturdida como aquel bebe a quien le roban de sus manos la chupeta. No olvides romper nuestra fotografía, ya que la mente es muy cizañosa y no te dejará dormir, ni comer, ni pensar ni volver a amar. Oculta todo cuanto pueda ser un buen escudo para tus nuevos descubrimientos.
Adiós al amor templario sujeto a fictisias noches de pasión, adiós me despido para siempre y nunca más.
Adiós para siempre y nunca jamás. Tu princesa, tu amor.
PD: Conserva tus palabras en lo mas hondo de tu baul, podrian ser parcas minadas.